Desearlo deseándolo
Por correo electrónico, vía SMS, por teléfono -fijo y móvil-, por chat, hablando por conferencia sobre Internet, por carta, tarjeta postal y personalmente; los deseos de felicidades van y vienen en estos días a un ritmo cada vez más vertiginoso y creciente.
Pero, ¿cuántos de esos deseos llevan verdadera intención y cuántos son, en realidad, un mero formalismo dicho de manera automática y sin una pizca de sentimiento?
Empieza por ti mismo. Obsérvate objetivamente y pregúntate cuántos "felices fiestas", "felicidades" y fórmulas parecidas has repetido en los últimos días como un disco rayado y sin sentir absolutamente nada al decirlo.
Ponle intención, mírale a los ojos y deséale a quien corresponda en cada momento, algo con el mayor sentimiento del que seas capaz. Al principio se sentirá raro, extraño, pero poco a poco lo irás diciendo cada vez con mayor naturalidad. Hasta que, finalmente, te resultará de lo más normal y fluido.
Los deseos que de esa manera ofrezcas, sentidos y con intención, le harán bien a quien los reciba y te harán bien a ti. Le estarás haciendo, así, bien al mundo.
Como todo lo que va, vuelve; ésta no es la excepción. Desea deseándolo de veras, y así será.
Gabriel Sandler
|